El alto coste de la infraestructura eléctrica encarece la vivienda
El alto coste de la infraestructura eléctrica afecta significativamente el coste de la vivienda en España. El precio de la vivienda está condicionado por múltiples factores, como el suelo, los impuestos y los costes de construcción. De hecho, se estima que aproximadamente un 25% del precio final de una vivienda corresponde a impuestos, lo que significa que una reducción en la carga fiscal podría abaratar la edificación y, por consiguiente, su precio para el comprador.
Sin embargo, en los últimos años ha surgido un nuevo factor que ha incrementado aún más los costes de las viviendas y que rara vez se menciona: la infraestructura eléctrica. A pesar de que los promotores han intentado visibilizar este problema, la responsabilidad recae directamente en las compañías eléctricas, lo que hace que muchas veces se evite hablar del tema abiertamente.
El impacto del coste eléctrico en el precio de la vivienda
Calcular cuánto encarece la infraestructura eléctrica una vivienda no es sencillo, ya que depende de múltiples factores. No obstante, según fuentes del sector promotor, el coste medio para una vivienda de 100 metros cuadrados oscila entre 3.000 y 6.000 euros, solo en la infraestructura necesaria para llevar la electricidad hasta un nuevo desarrollo. Si a esto se añade la red interna dentro de la urbanización para garantizar el suministro a cada vivienda, el coste puede dispararse hasta los 10.000 euros por unidad.
En algunos casos, esta cifra puede ser menor, pero en otros puede llegar a multiplicarse. Actualmente, urbanizar un suelo puede costar entre 250 y 350 euros por metro cuadrado, y más del 30% de ese coste corresponde a suministros como agua, gas y electricidad, según fuentes del sector.
Desde la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid (Asprima) advierten sobre tres grandes obstáculos relacionados con este problema:
Retrasos en la entrega de viviendas: Aunque las declaraciones responsables han agilizado el proceso y reducido los tiempos de concesión de la licencia de primera ocupación, los retrasos en la conexión eléctrica han anulado esa ventaja. Muchos compradores creen que el promotor no quiere entregarles la vivienda, cuando en realidad el problema radica en la acometida eléctrica.
Desajuste en la planificación urbanística: La aprobación de planeamientos urbanísticos es un proceso tan lento que, cuando finalmente se autoriza un nuevo desarrollo, la demanda energética puede haber cambiado, necesitando más potencia de la inicialmente prevista.
Falta de capacidad para abastecer nuevos barrios: Existen zonas en las que la infraestructura eléctrica no es suficiente para atender la demanda, lo que impide el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios.
Desde Asprima lamentan la falta de transparencia del sector eléctrico y el hecho de que los promotores tengan que asumir el coste total de las infraestructuras necesarias para suministrar agua y electricidad a los nuevos desarrollos. «En realidad, los promotores somos los mejores clientes de las eléctricas y del Canal de Isabel II, ya que no solo construimos las infraestructuras, sino que también les llevamos a los clientes finales», destacan desde la asociación.
La creciente demanda de potencia eléctrica en España
El problema del suministro eléctrico no radica en la producción de energía, ya que España genera más electricidad de la que consume. La dificultad está en la distribución, cuya capacidad se encuentra al límite.
Las grandes compañías eléctricas aseguran que no pueden atender toda la demanda debido a la saturación de la red. Según datos de Aelec, la patronal eléctrica que agrupa a Iberdrola, EDP y Endesa, al cierre de 2024 el sector inmobiliario solicitó acceso a 7 gigavatios (GW), pero la mitad de estas solicitudes no fueron atendidas. Las razones principales fueron la falta de capacidad en la red o la renuncia por parte del promotor.
Este colapso en la infraestructura eléctrica no solo está afectando a las promociones en desarrollo, sino también a proyectos ya finalizados, generando un impacto directo en los precios de las viviendas y en los tiempos de entrega.
Conclusión
El incremento en los costes de las viviendas no solo responde a los factores tradicionales como los impuestos y el suelo, sino también a la falta de infraestructura eléctrica adecuada para atender la demanda. La escasez de capacidad en la red de distribución está retrasando la entrega de viviendas y obligando a los promotores a asumir costes adicionales que, inevitablemente, terminan repercutiendo en el comprador final.
Para abordar este problema, sería necesario mejorar la planificación urbanística, aumentar la inversión en infraestructuras eléctricas y fomentar una mayor colaboración entre administraciones, promotores y empresas energéticas. Solo así se podrá garantizar un acceso más ágil y equitativo a la energía en los nuevos desarrollos urbanos.





